Santiago,
ciudad negra de no promesas,
de falsos compromisos,
impuesta de ideas.
Ustedes,
reprimiendo de libertad,
someten nuestra vida,
corrompiendo mentes.
Pobres quienes dan su confianza,
cerdos que abusan de ésta,
matando con filosa lengua,
viviendo sin dejar vivir.
Montañas,
de ladrillo como cemento,
reflejan nuestra faz,
triste y callada.
Juventud,
marcada de monotonía,
de corazón enfermo,
de ambición y estudio...
Escuelas de dinero, sin valores,
promoviendo profesiones vigentes,
rompiendo a toda persona e ideas,
enseñando como ser menos humano.
Estúpidos,
vemos noticias donde los
periodistas eligen,
que montaje dar.
Mezquinos,
machan una revolución,
deseando los hipócritas,
bohemia eterna.
¡Basta ya! de proclamar vida olvidando la muerte
¡Dejen de ocultar la razón y muestren la verdad!
¡Maldita!
La falsa creencia popular,
que apaga consigo
toda esperanza.
Mi vida,
gastada por ti, sociedad.
Santiago, por favor,
¡Déjame vivir!
Cansado de todo universo
viviendo sin poder amar.
Imponiéndose desde el comienzo
una monotonía de volar